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sábado, 30 de mayo de 2026

LA SONRISA

 

Yo estaba en mi mundo, escuchando lo que decía mi cabeza, aunque tenía un plato delante no se qué comía en aquel momento. Mi mirada abandonó aquel plato, paseó sin rumbo por la sala y allí estaban aquellos ojos de mirada perdida. Los vi, luego vi la sonrisa que la acompañaba y nos enamoramos, bueno, me enamoré yo. Seguí a lo mío, miré a otro lado, a mi plato, a mi vaso de agua y busqué otra vez aquella mirada. Y allí estaba aquel rostro tan bonito, tan sereno, tan agradable, tan delicado. Era preciosa, comía con finura, sus gestos eran estilizados, delgada, rubia, media melena, su pelo flotaba sobre los hombros como si tuviera una brisa propia que acariciara su pelo, tan solo faltaba el sol saliendo por su espalda. Levantó la vista del plato y nuestras miradas se cruzaron un instante hasta que  sonrió con dulzura. Casi me muero, sentí el rubor en las mejillas, el tierra trágame que me muero de vergüenza porque me ha pillado in fraganti mirándola y me enamoré ¿O nos enamoramos? Qué más quisiera yo, pero no, solo me enamoré yo. Aquella mirada merecía rellenar otra vez mi vaso de agua para ver si el paseo hasta la fuente conseguía que la sangre circulara y me bajaran los colores de las mejillas. Inspira, respira. Regresé otra vez incómodamente intentando no mirarla pero sus ojos estaban allí, clavados en mí, o eso al menos quería creer yo. Y sonrió otra vez, y todo se iluminó como un amanecer de cielo despejado y mar azulado. Y mi mundo desapareció en aquel túnel del tiempo y el puto rubor me descolocó. No la mires, no la mires, no la mires porque es un vampiro emocional y te va a robar la vida.

Y aguanté jugando con el tenedor hasta que se comió el postre y se levantó y desapareció dejándome allí sin comer porque no me bajaba nada en ese mediodía tan raro.

Y mi vida continuó después de aquel incidente, navegando por el anonimato de esa gente sin prisas que rendían pleitesía al sol mientras se remojaban en aquel charco de aguas tratadas. Y allí estaba yo otra vez en mi mundo, caminando entre caras sin rostro mientras Mala casualmente me cantaba al oído que le gustaba andar por el borde de la piscina y andar sin disciplina…

…y aquel cuerpo sin rostro volteó suavemente mientras se secaba con una toalla y nuestras miradas chocaron entre casualidades y sonó la música de la banda de Agaete a la vez que los fuegos artificiales iluminaban el día y aquello se convirtió en una verbena del solajero y los sudores fríos recorrían mi cuerpo dejando escapar un hola que solo escuché yo. Ella movió los labios pero yo no leí ningún hola  porque escuchaba en mi cabeza como ella decía me estoy enamorando de ti. O al menos eso quise escuchar yo porque yo si que me estaba enamorando de ti.

La cena me supo a vacío existencial porque no sabía qué hacía allí, perdido en tu mirada una y otra vez sin miedo a vivir y con miedo a acercarme a ti. Y los colores del cachete me delataban y me cogías infraganti una y otra vez a pesar de que me decía una y otra vez no la mires, no la mires, no la mires… y a allí nos enamoramos o al menos eso quise soñar yo mientras pasaban los días y las casualidades nos encontraban y al final hablábamos  de esto, de lo otro, de aquello mientras nos echábamos unas risas y nos dábamos cuenta de que siempre nos habíamos estado buscando y por fin el destino nos unió. Al menos eso soñé yo porque ninguno de los dos se  atrevía a dar el paso, tú porque no sentías nada por mí, solo era una cara más que te hacía sonreír, yo simplemente me conformaba con verte y soñarte porque mi timidez seguía siendo más fuerte que mi amor.

La casualidad nos unió otra vez, te vi a lo lejos flotando como una mariposa entre las flores, llena de energía y alegría mientras te desplazabas hacia mí. Y allí, en aquellas escaleras supe que era el momento de vencer mi timidez, allí me robaste el nombre y te dije que solo pensaba en ti, que no dormía ni comía porque me robabas el apetito y la vida con esa sonrisa tan bonita, tan especial, tan llena de paz que anulaba mis pensamientos y como si leyeras mis pensamientos me dijiste lo mismo que sentía yo y que yo no me había atrevido a decirte. Me dijiste que habías leído en mis pensamientos lo que yo no me atrevía a decir y te dije que el tiempo no tenía sentido al estar junto a ti, al mirarte, al saborear esa dulce sonrisa aderezada con tu preciosa mirada. Te dije que me conformaba con mirarte, que me daba igual que me hablaras o no, me contentaba con disfrutar de tus gestos, tus movimientos, observarte como si fueras un cuadro pintado de misterios al que cada vez que lo miras siempre es la primera vez, porque siempre hay algo nuevo que no has visto antes, otra luz, otra perspectiva…o al menos eso soñé yo.

La casualidad nos unió en aquellas escaleras y la casualidad nos estrelló en aquellas escaleras.

Nos miramos, nos saludamos, nos hablamos y mi idioma estaba tan lejos como la luna del tuyo, lo intentamos en otro idioma estratosférico pero la gracia del momento se esfumó, la ridiculez me dio  un cachetón con la mano abierta y esta vez los rubores fueron de dolor. Me fui de la mano de mis amigos ridiculez y timidez hablando de lo jodida que era la vida del vergonzoso y me perdí en mi mundo de problemas y ahí me di cuenta de que el enamorado solo era yo.

Pero el destino es puñetero y nos encontró una y otra vez, casualidades, sonrisas, nos buscábamos una y otra vez con la mirada porque sabíamos que el encuentro estaba cada vez más cerca y solo era cuestión de encontrar el momento y reconocer que los dos deseábamos ese momento…o al menos eso soñaba yo.

Y te vi aparecer, en otro horario ajeno a ti y rutinario para mi, te vi sentarte a la misma mesa de siempre y al ver cómo me buscabas en la mesa que yo debería estar supe que sentías lo mismo que yo y ahí cambió mi mundo cuando tu mirada me encontró en otro lugar, a lo lejos y sonreíste como siempre y me enamoraste como siempre y me desarmaste como siempre.

Me fui con orgullo de allí, desaparecí tras tú mirada mientras discutía conmigo mismo, contigo en mi cabeza, sin decirte adiós para que supieras que me tenías enamorado y que solo iba a coger fuerzas para volver sin que me vieras, sentarme frente a ti y dejar que el resto surgiera entre los dos. Y eso hice tras hablar con el espejo del baño y regresar para enfrentarme a tu sonrisa con la moral por las nubes y el traductor de idiomas en la mano para que no hubiera límites entre tú y yo.

Y allí estabas tú, regalando esa sonrisa tan encantadora a la persona que tenías sentado frente a ti en nuestra mesa.

Y mi mundo colapsó, mi mente colapsó, mis ganas de vivir colapsaron y huí de ti dolido conmigo mismo y dolorido porque no supe ver que una persona tan guapa como tú nunca estaría sola.

Nuestras vidas transcurrieron después de aquel encuentro tan desafortunado para mí. Me recompuse rápido, solo me valió una mirada tuya para seguir soñando contigo.

Nos volvimos a ver una y otra vez en diferentes lugares, mi cabeza era un caos de sentimientos. No era normal que nos viéramos tantas veces y en tantos sitios diferentes y por tantas casualidades. Aquello no tenía sentido, bueno sí, el sentido de todo aquello estaba en que estábamos predestinados a encontrarnos y esto solo podía tener un final.

Pero el final no fue el que quisimos, o al menos el que quería yo. Lo intenté por última vez a pesar de la distancia que nos separaba entre idiomas y te dije a modo de despedida que rebosabas mucha paz y alegría y que gracias por regalarme esa energía día a día que transmitías con tu sonrisa y tu mirada. Pero todo quedó ahí, te vi otra vez más tarde en mi camino, sonreí, sonreíste y no pasó nada. Bueno, sí. Que yo me había enamorado perdidamente de ti.

La última vez que te vi estabas tumbada como un lagarto canario al sol, no me viste llegar ni me viste pasar desde tu posición. En mi cabeza se repetía el mantra de no la mires, no la mires, no la mires…y no lo pude evitar, necesitaba verte por última vez, un último recuerdo, y me giré, y te vi, y me viste y me sonreíste y me enamoraste otra vez.

Y aquí sigo, soñando contigo, viéndote reflejada en las personas que me encuentro día a día. Pensando en el día que te vuelva a encontrar y nuestros caminos se conviertan en uno solo.

Al menos eso pienso yo, de momento me conformo con verte en mis sueños una y otra vez hasta que pase el tiempo y consiga olvidarte por primera vez.

sábado, 26 de julio de 2025

La soledad del plato vacío

 Me di cuenta de que estaba solo cuando observé aquel plato vacío. 

Me comí la delicia una y otra vez

Un día tras otro y otro y otro...

Y así podía estar todos los días

Y no cansarme de comerla una y otra vez y otra vez y otra vez...

La disfruté, la saboreé, la engullí pero nunca me jarté.

Ahora solo me queda la soledad del plato vacío, 

la soledad de sentarme solo a la mesa y buscar los defectos de la pared, 

la soledad del bullicio, la soledad de la silla vacía y las ganas de comerte otra vez.

jueves, 20 de marzo de 2025

EL CICLO DE LA VIDA

 

La hormiga apareció en el borde del plato, entre el infinito y el más allá, al borde del abismo. Un soplo y volaría lejos de allí, hasta el suelo, hasta la piscina, un dedo encima y desaparecería para siempre. Así es el ciclo de la vida.

Como el de las papas fritas que me estoy comiendo. Crecen bajo la tierra, las cogen, las pelan, las fríen y yo me las como mientras observo cómo la gente nada en la piscina. La hormiga trepa a una de las papas de mi plato. Coge un cacho y vete, pienso mientras la observo, pero no, la recorre, la patea, la soba por todos lados y eso me cabrea, la aplasto con otra papa como si fuera una colilla. Es el ciclo de la vida. Como el de la socorrista que vigila que nadie se ahogue en la piscina. Sentada allí arriba, en su trono de vigía, perdida en la pantalla del móvil. De vez en cuando sus ojos recuperan la horizontalidad, mira a lo lejos, a lo cerca, pero siempre al agua buscando el chapoteo de algún niño y vuelve otra vez al móvil y se pierde vete tú a saber dónde, mientras el ciclo de la vida sigue su movimiento segundo a segundo huyendo del tiempo.

La señora del ciclo de vida largo aparece por un lado de la piscina, de los ochenta años no baja, tiene un andar de cursor en puntos suspensivos, camina o está en algún juego infantil y no quiere que la pillen. Está ahí y más acá, está ahí y al momento ahí pero más acá, como un monstruo de película de terror, constante en avanzar pero dándole tiempo al protagonista para huir.

Para cuando bajo la vista del vaso en el que estoy bebiendo ya está apoyada en el acero  inoxidable del barandal de las escaleras de piscina. Tengo que ser el negro que muere en las películas de terror porque no la he visto llegar, me ha pillado el monstruo y se acabó mi ciclo de vida. La observo admirando que con sus ochenta y pico años tenga la vitalidad de darse un baño en la piscina. Mi admiración pasa a interrogación cuando noto que parece Chiquito de la Calzada intentando entrar en la piscina, joorrr…una pierna que entra en el agua, joorrr… una pierna que sale. No encuentra la manera de bajar por la escalera, su movilidad reducida se lo impide, los años pesan, la vida pasa dejando sus marcas en el cuerpo, la agilidad desaparece, la seguridad huye, las caídas acechan.  Intenta entrar de espaldas al agua, una mano insegura en un lado de la escalera, una mano temblorosa en el otro. Baja un pie intentando encontrar el peldaño sumergido a profundidad de periscopio. Me mira, la miro. Y en sus ojos turbios veo resignación y algo que me deja intrigado, un guiño seguido de una sonrisa pícara.

Puedo ser su ayuda pero el cristal nos separa. La solución está en la socorrista que la ignora y no le presta atención. Allá arriba, en su púlpito o en lo que será su cruz rinde pleitesía al dios que vive en su teléfono mientras el ciclo de la vida se abalanza sobre la señora y la hace caer al agua.

El murmullo suena en la piscina, no soy el único que la ha visto caer. Todos miramos al chapoteo pero nadie reacciona, la socorrista levanta la vista y ve las caras de asombro. Al lado, cerca, lejos, en el otro lado de la piscina pero no ve como la piscina se traga ese cuerpo marchito, frágil, gastado por el paso del tiempo. Para cuando se da cuenta del problema, el problema ya no tiene solución. El problema flota como si llevara gafas y tubo y estuviera viendo los peces nadar.

Salta de su torre de vigía, ni dos metros la separan de la escalera y ahora es ella la que se marca un Chiquito de la Calzada, joorr, para un lado y otro. No sabe qué hacer. Todos miran, no, todos miramos y no aportamos nada. La señora se marcó un Pausini, se fue y se fue el murmullo de su silencio.

Un héroe tardío salta al agua, se adueña de la situación, la levanta entre sus brazos como si acunara a un bebé pero no la saca del agua, o el hombre es descomunal o la señora cerró su ciclo de vida en un lugar en el que podía haberse puesto en pie. Que puta es la oscuridad del miedo, la negrura del agua cristalina que no la dejó ver el fondo, la histeria, el pánico, el terror del agua inundando tus vacíos.

Se acerca meciéndola en su pecho al borde de la piscina y la deposita allí, todos nos levantamos, queremos ver el espectáculo del cuerpo ahogado que mira al sol con curiosidad. Murmullos, llantos, palabras sueltas, exclamaciones y un grito precedido de un desmayo. Nadie hace nada por intentar reanimarla, yo tampoco, para qué, a mi me justifica el estar detrás de un cristal. La socorrista le pone una toalla por encima y con un encogimiento de hombros justifica que no hay nada que hacer. En eso tiene razón, su problema ya no tiene solución. Se dirige rauda y veloz a socorrer a la persona que se ha desmayado, aparta a quiénes están alrededor y se arrodilla a su lado, es una mujer, especial, podría ser cualquier mujer anónima pero esta es especial porque está embarazada, la reanima, aplicando lo aprendido en sus cursos de socorrismo, la incorpora dejándola sentada en el suelo. La embarazada reacciona, barre la piscina con su mirada porque nota que es el centro de atención y en su barrido sus ojos se clavan en los pies desnudos que sobresalen de la toalla mortuoria. Grita. No hay sorpresa en su grito. Grita otra vez entonando dolor, no mira al cuerpo sin vida, mira a su entrepierna y todos vemos ese líquido que avanza sombreando el suelo. 

Sonrío, es el ciclo de la vida que nace, miro al cuerpo tapado con la toalla, sonrío otra vez y me doy la vuelta, me voy de allí sonriendo mientras en mi cabeza se repite un mantra…la puta vieja sabía por dónde volver, la puta vieja sabía como volver…

 

                                                                                                                                                                                                                                                                    JRNM©2025

viernes, 17 de enero de 2025

EXTRAÑO EN TIERRA EXTRAÑA

 

Cogí mi plato de ensalada y me senté en una de las mesas más alejadas del pasillo central del comedor de personal. Las mesas son enormes y redondas como para que ocho comensales se sienten cómodamente en ellas. Elegí esa mesa porque me gusta comer solo y tranquilo, sin nadie que no pare de hablar en la mesa como me ha pasado otras veces. Si, lo sé, soy un poco salvaje y pocas veces me siento con mis compañeros. Es más, como vamos juntos a comer espero a que ellos ocupen la mesa para irme sigilosamente a otra porque en esa ya no hay sitio.

Me senté de espaldas a la pared y con vistas al comedor, me gusta observar a esas vidas anónimas. En lo que me levanté a robar servilletas de otra mesa se sentó una chica de aspecto nórdico. Un simple hola, ella a lo suyo y yo a lo mío, a comer y mirar al resto de mesas. Desde los primeros días me di cuenta que las mesas se ocupaban siempre por grupos de misma o similar etnia. Como en las películas de cárceles, los sudamericanos en un lado, los africanos en otro, los españoles en otro, los de marruecos en su mesa y las mujeres de estos en otra, me pareció curioso que familias de distinto género no se pudieran mezclar.

Como soy el nuevo aquí y esta gente solo son personas anónimas para mí me tomaba la libertad de sentarme en cualquier mesa. Un hola, se hacía el silencio y me miraban y yo comía tranquilamente bajo el sonido del murmullo de sus lenguas nativas. Mezclado entre diferentes colores de piel comía tranquilamente y me acordaba de la canción Stranger in strange land.

Mi vista se fue hacia el grupo de mujeres que acababan de entrar. Eran mulatonas, negras tizón y algunas con pinta de ser de Sudamérica. Todas me miraron y vi esos labios que murmuraban algo entre ellas. Debo de tener el guapo muy subido hoy pensé, mientras ellas se sentaban en una mesa. Un instante después hizo su aparición una mulatona con pinta de brasileña, muy firme en su andar, muy recia, muy segura de sí misma. Con un pelo negro muy exótico y tupido, recogido en dos grandes moños en lo alto de la cabeza. Con un moño fregaba yo el caldero de los espaguetis  y con el otro le sacaba brillo a la cubertería. No sé si la cabrona leía la mente porque me miró, después miró a su grupo y se puso seria. Se sentó en el sitio que le dejaron libre y empezaron a murmurar. Los dedos chispeaban y me señalaban a mí. Así directamente, sin rodeos ni disimulos. Miré a mi anónima compañera de mesa y comía tranquilamente con la mirada en el plato y por un momento pensé que esta chica tendría algún problema con ellas.

Cuando volví a noveleriar la otra mesa leí en los gestos que la mulata le  indicaba a las otras  algo así del tipo esperen que lo voy a solucionar y va y se levantaba.

Ahí mi cabeza hizo un cortocircuito mental de los míos, se me pasaron muchas malas ideas por la cabeza tratando de asumir que iba a pasar y ya era consciente de que el problema no era mi anónima e invisible compañera de mesa. El problema era yo y ella ya estaba sentada en la mesa frente a mí, cerca de mí y mirándome desafiante. Pinché un tomate cherry, me lo fui a meter en la boca, lo solté en el plato otra vez y ahí mi mente empezó  a desvariar. Y como soy muy educado puse los brazos en la mesa y le presté toda mi atención porque sabía que algo interesante tenía que decir.

Me regaló una mirada muy atenta y seria, un largo silencio en el que intentaba leer en mis ojos algo que no pudo encontrar, una sonrisa insegura y…

-Esta mesa es nuestra, siempre nos sentamos aquí.

-Co-co-como…

Así, sin interrogación, incrédulo y sin saber cómo reaccionar

-Que esta mesa es nuestra y no te vuelvas a sentar aquí.

Puffff…fundido en negro, como en las películas, sudor de nervios, me están amenazando y cuando mis ojos la vuelven a enfocar noto en su mirada que ha ganado confianza…choooff, bajo la mirada al plato, humillado, la miro, luego miro a la chica anónima e invisible que tengo al lado. Desaparecida dentro del plato y sin levantar cabeza. Cierro los ojos y…

-Así que ya te puedes levantar e ir a otra mesa.

Cierro los ojos y…es hora de sacar todo mi encanto, mi gran sonrisa irónica y el tío borde que llevo dentro.

-Joder niña, ese pelazo tiene que tardar una eternidad en crecer.

-¿Qué dices?

-Que ese pelo que tienes no crece en dos días y si le pego  fuego vas a estar dos años sentada en esta mesa con un gorro hasta que te crezca otra vez.

-¿Me estás amenazando?

-Pero ¿Cómo te voy a amenazar? aquí hay cámaras, como se me va a ocurrir meterme contigo.

-¿Hay cámaras aquí?- dijo mirando al techo y las paredes.

-Yo que sé, supongo, yo soy nuevo y tú llevas mucho tiempo aquí. Además, solo estamos tú y yo sentados en esta mesa y ni tus amigas están escuchando esta conversación.

Amplié mucho más mi sonrisa irónica y seguí mirándola a los ojos. Ella miró a la chica invisible que estaba perdida en su plato. La ignoró como si realmente no existiera y fijó su mirada en mí. La comisura de sus labios sonrió levemente y me miró con cara de fascinación. Se levantó, giró y volvió a su mesa, arrastró la silla para sentarse, pensó algo, soltó la silla, giró y vino otra vez a por mí.

-¿Sabes…? Me gustas, me gusta tu forma de ser, tienes carácter…- Eso dijo mientras se daba la vuelta y yo le decía en un tono un poco más alto y como saludo de despedida…

-A mi me encanta tu pelo en llamas.

El plato que estaba a mi derecha levitó en la mesa y se alejó en las manos de la chica invisible a la vez que se oía una voz que decía muy bajito y repetía como si fuera un mantra…tú estás loco, tú estás loco.


lunes, 13 de abril de 2020

EL FIN DEL MUNDO

Y en la pared estaban escritas aquellas palabras: EL FIN DEL MUNDO
 

Me hipnotizaron el tiempo suficiente para no volver en mí antes de que el mundo se acabara. Me absorbieron aquellas palabras y divagué entre el presente y el mundo real, entre el futuro y el mundo irreal, entre el pasado y el recuerdo que atrás quedó. Me senté en el suelo y analicé bien las palabras, allí había un mensaje oculto. Quizás quién las escribió no sabía realmente que decir. Quizás su autor esté ahora colgado de una viga con el cuello roto y ya la lengua hinchada. Quizás yace tendido en cualquier parte con las venas cortadas y desangrándose. O quizás esté agonizando porque no se las supo cortar. Quizás nadie le dijo que las venas de su muñeca no se cortan a través. Si de verdad quería morir debería habérselas cortado desde el codo hasta la muñeca porque así no hay médico que las consiga suturar.
 

La gente va cayendo a mí alrededor. El policía se vuela la cabeza mientras lee las palabras. El anestesista se chuta una sobredosis para no sentir dolor, el japonés se hace el harakiri. El gitano se regatea tanto a sí mismo y muere de pobreza. El gordo se come a su cuerpo y muere por indigestión.
 

Quizás el autor de esas palabras esté ahora llorando en su casa porque no tuvo güevos para cortárselas. O quizás esté pintando chorradas en otra pared. No sé porqué pienso en él. Por mi que se muera atropellado por un camión, pero que yo lo vea. Si, me gustaría haberlo visto escribiendo esto. Ver su cara y sopesar su determinación. Ver sus gestos, si reía, si estaba triste, si se mordía la lengua mientras pintaba estas palabras. Si lloraba. Lo dudo mucho, hay que ser anormal para ir por ahí pintando en las paredes palabras que no tienen explicación. Por eso me gustaría que lo atropellara un camión. Me acercaría lentamente hasta donde estuviera su cuerpo atropellado y le buscaría un ojo. Sí, le buscaría un ojo porque los que mueren desafortunadamente siempre dejan un ojo abierto, a modo de súplica, de sorpresa, de curiosidad, cómo si desde el lado de la muerte estuviera noveleriando lo que hay a su alrededor. Y lo miraría. Sí, lo miraría directamente a ese ojo, y él sentiría mi presencia y fijaría su iris en mí. Su pupila trataría de enfocarme, dilatando, menguando, hasta que me viera, porque él sabe que yo estoy allí. Y yo le diría en un susurro lento, como una oscura letanía que invoca a un dios, le diría esas cinco palabras: Tu fin del mundo llegó.
 

La gente va cayendo a mí alrededor. El ahogado se ahoga en lágrimas. El descuartizado muere desorientado. El sepulturero muere de cansancio. El kamikaze estrella el avión contra otro kamikaze. El mimo muere en su propio silencio. El voyeur muere de asombro e indiscreción.
 

He decidido cambiar el mundo porque yo soy dios. Con qué derecho pinta alguien en una pared esas cuatro palabras. Hay que ser anormal, además de ignorante, para creer en profecías inocuas. Demasiados “fin del mundo” llevo a mis espaldas. Desde que era pequeño, desde que era un inocente adolescente, desde que era un indecente adolescente. Por eso he decidido cambiar el mundo. Es simple porque yo soy dios y hago y deshago a mi manera. Él, el idiota que escribió esto, es un simple ignorante de su vida y escribe estas palabras porque su existencia no tiene peso. Es vacía como el interior de un globo, sin rumbo como el hilo amarrado a este y que sigue la dirección que el viento traza. El fin del mundo es solo una ilusión para los incrédulos creyentes. 
No creen en fantasmas pero se dejan llevar por el destino que imponga la sociedad. Se hunden a sí mismos inmersos en su propia tempestad, pero eso no es lo peor. Lo peor es que arrastran a su paso a todos los que tienen a su alrededor.
 

La gente va cayendo a mí alrededor. El domador muere devorado por sus bestias. El conductor empotra su coche contra una pared de hormigón. El iluso muere desilusionado. El ciego muere a oscuras escuchando los gritos de terror. Los niños mueren de diversión porque este circo de destrucción despierta la curiosidad.
 

Y a lo lejos lo veo. Veo a quién escribió esas palabras en la pared. Y sé que es él. Lo sé por como camina impasible hacia su frase de destrucción, con el trozo de carbón con que escribió las cuatro palabras en la mano. Camina impasible, cogidos de la mano trae a su familia. Él, impasible. Su familia, aterrorizada. Va caminando señalando a los suicidas esparcidos por el camino. No. Esa es la palabra que repite su mujer una y otra vez mientras avanza hacia su final. No. Sus niños caminan risueños y sorprendidos presos de la curiosidad. No. Murmuran los abuelos intuyendo lo que va a pasar. El sonríe y asiente con un gesto de “te lo dije, ha llegado el final”. Ella se detiene a escasos metros de las palabras. Me observa incrédula. Lee las palabras y me mira buscando una respuesta que no obtendrá. Los abuelos se dan la mano, luego se funden en un abrazo con los nietos, un último beso, un adiós. Sus vidas se apagan sin sufrimiento y con resignación llevándose con ellos el último aliento de la inocencia de los niños. Sólo queda ella. Sólo queda él.
 

La gente va cayendo a mi alrededor. El borracho se ahoga entre vómitos. El cardiólogo muere de un infarto. El psicólogo muere de tanto razonar. El bombero se quema en una hoguera. El yonqui muere de una sobredosis de agua oxigenada. El cura muere sentado esperando a que venga un milagro y detenga este final.
 

Solo queda él. Solo queda ella. Y la gente sigue llegando. De cerca, de lejos, de aquí al lado, de allí enfrente, de todas partes. Siguen la misma rutina. Vienen, leen las cuatro palabras, dudan y miran alrededor. Y al final se suicidan siguiendo la moda que impuso quién escribió las cuatro palabras. Cada vez hay más gente. Solo queda ella. Solo queda él. Las manos de él aprietan fuertemente el cuello de ella. Ella me mira. Mira a las cuatro palabras. Me mira. Su mirada se desvanece y cae muerta sin saber que ocurrirá. Él lee las cuatro palabras. Sus labios silenciosos apuntalan las palabras y luego me miran suplicando piedad. Sus ojos ruegan anhelando la muerte que el muy cobarde no se sabe dar. Me exige con la mirada y se acerca lentamente buscando su fin del mundo particular.
 

Se ha equivocado de persona, yo tan solo soy mi propio dios. Miro alrededor y apenas veo los cadáveres suicidas tirados por los suelos, porque, a mi alrededor, todo se ha llenado de vivos que se quieren auto eliminar. Los miro. De izquierda a derecha. De derecha a izquierda. Todos tienen la mirada perdida de los locos de amor. Nadie quiere morir pero las cuatro palabras los inducen a ellos. Cierro los ojos porque estoy dispuesto a terminar con todo esto. Es hora de que llegue el final. Al abrir los ojos él está allí ofreciéndome su cuello con cobardía. Pobre de mí. En el fondo me da pena su pesar. Le tiendo una mano. Le acaricio su mano con un atisbo de compasión y le entrego mi maldad. Sus ojos se engrandecen horrorizados. Le he arrebatado el trozo de carbón que escribió el principio de su final. Me acerco a la pared lentamente. No puedo evitar mirar a mí alrededor y ver como la gente mira esperanzada. Sonrío. No lo puedo evitar. Sonrío porque yo soy mi dios y elijo mi propio destino. Bueno o malo, acierto o equívoco, cara o cruz, blanco o negro, da igual, mi destino lo escribo yo.
 

Acaricio el rugoso carbón por la pared. Arrastrando las letras que formaran mis palabras. Trazando tres palabras en la pared junto a las cuatro que han sembrado tanta destrucción. Oigo un murmullo de gente, un ¡Oh! apagado, largo y breve a la vez y siento el frufrú de las ropas, el arrastre de los zapatos, el golpeo de los pasos que giran y regresan a su pasado.
 

Él llora desconsoladamente. Un llanto apagado. Mira a sus familiares. Un lamento quedo sale de su garganta. Su cobardía siempre podrá con él. Me mira con rencor. Mi mano suelta el trozo de carbón que cae a mis pies. Él mira a su arma de destrucción masiva. Su carbón se ha despedazado en el suelo. Levanta la mirada pesadamente. Me mira a los ojos, angustiado, porque sabe que su fin del mundo no ha llegado. La gente va desapareciendo a lo lejos. Sólo quedan los cadáveres de los que murieron bajo el influjo de las cuatro palabras. Me mira resignado. Desesperado. Cierra los ojos anegados de lágrimas y cuando los abre sus labios leen lo que hay escrito en la pared:
EL FIN DEL MUNDO SIEMPRE ES MAÑANA

martes, 31 de marzo de 2020

EL CONSTANTE Y CONTINUO ZAPATEO DE LA 360


Salí con el único objetivo de llegar y cuando llegué mi único objetivo era mejorar el próximo año lo que había hecho este. Cosas de piraos, como diría mi buen amigo Víctor. El planteamiento era claro, acompañar a Víctor, intentar hacer todo el recorrido juntos y cruzar la meta, pero claro, no todo sale como uno piensa.


Roque Nublo, Km 0

La crueldad de la Trans consistía en llevarte en guagua hasta el Roque Nublo, eso equivale a dormir muchas horas menos, pegarte un madrugón y por si fuera poco, subir caminando hasta el Nublo para calentar.
En la salida fueron todos saludos y reencuentro con viejas caras conocidas y grandes amigos. Marcos y Mónica hicieron noche en la cumbre para ver la salida y seguir la carrera durante el día (la familia siempre está por ahí).



Salida rápida y espectacular desde la base y cuando va a empezar la primera bajada técnica me encuentro con Bruno, y claro, hay gente a la que no veo desde hace tiempo y me paro a saludar. La bajada hasta el cruce de asfalto se hace rápida, aunque Víctor y yo nos situamos en los últimos puestos para ver como latía la carrera.

Como vamos sobraos (es sarcasmo, que nadie se lo crea) nos permitimos el lujo de equivocarnos en un cruce y hacer dos kilómetros de más. Al llegar a la bajada a Soria me doy cuenta que mis casi cuatro litros de agua han mermado misteriosamente y todavía me queda lo peor para llegar a Mogán.

Llego al fondo del barranco de Soria en modo Cinemascope, deshidratado, con la vista perdida y la oscuridad cerniéndose sobre mi cerebro. Víctor para a mojarse la cabeza en un charco de agua y yo apoyo el culo en una piedra mientras voy oyendo voces lejanas y murmullos entre la penumbra de este solajero acosador. 

Me devuelve a la realidad un nombre en un dorsal. Bárbara ¿Américana? No … Joder, como puede estar mi cabeza diciendo estas tonterías en un momento como este. El vamos Jero de Víctor Luis me espabila y comenzamos el ascenso a Chira. Las piernas responden y subo como puedo detrás de él. 





Llegamos a los altos de Chira y allí están Marcos y Mónica animando, les cuento como voy y en la bajada al muro de la presa paramos a comer algo.



Después de cruzar el embalse se baja a la derecha por el canal a un barranco sin sentido y con todas las piedras fuera de lugar, sí, fuera de lugar, es como si a alguien se le cayera un paquete de roscas y se quedaran todas desperdigadas.

El camino se pega al lado derecho del risco, camino, eso es por decir algo, porque es una barranquera de tuneras piedras y malezas en las que el GPS dice que hay que pasar por aquí o por allí. A media barranquera mi cuerpo entra en modo “que malito estoy” y empieza la vomitona, la primera fue discreta, pero la segunda sacó de dentro de mí lo que no sabía que tenía, parecía el león de la Metro Goldwin Mayer rugiendo, y claro, como soy tan especial, vienen los calambres por músculos de mi cuerpo que desconocía y en vez de un corredor me parecía a Willian Dafoe en la escena de Platoon en la que recibe los disparos en aquel claro de la jungla. Pasa un corredor de negro, si no me equivoco llevaba un chaque de triatlón y se preocupa por mí. Le digo que siga y después grito a Víctor para que no me espere.

En resumen, bajo como puedo, amargaito, sin fuerzas y donde termina el camino y empieza la pista de tierra me acuesto en el suelo y pongo las piernas en alto. Teléfono móvil... llamando… y llorona a Cris, me bebo las lágrimas tirado en el suelo, tanto tiempo sacrificándome para estar aquí y caigo en el kilómetro 25. 
Levanto después de la llamada psicológica y continuo caminando. El zigzagueo de la pista se hace interminable y el mío también ya que voy como los borrachos. En una curva del camino veo un portal grande con sombra y me tumbo boca arriba…mi mente empieza a soñar…
...abro los ojos y veo pasar a la filipina, yo pensaba que estaría delante con la élite, más atrás veo que viene una pareja y el que viene de celeste es Marañón. No sé cuánto tiempo ha pasado, así que me pongo a caminar después de que me adelanten todos y me espabilo poco a poco. En el fondo del barranco alguien me da un poco de coca cola (yo no he dicho que fuera gente de Lanzarote a la que le estoy agradecida). Empieza la subida de asfalto, un coche toca la pita y al mirar veo a mi equipo de rescate, Cris y ese que dice que es mi hijo que vinieron rápidamente después de mi llorona. Cambio el chip y me vengo arriba, el mal cuerpo ya ha pasado así que ahora toca empezar de cero otra vez.

La subida a Cortadores la hago dejando gente atrás, en un tramo del camino encontré al del chaque, al que se preocupó de mi cuando me dio la vomitona y su reacción me subió la moral…Fantastic! Oh! Fantastic!...casi llegando a cortadores adelanto e intercambio unas palabras con Marañón, saludo a Basilio que está haciendo fotos sobre un depósito de agua, saco mi bocata de membrillo y queso y mi appletiser. Camino comiendo y cuando termino empiezo la bajada a la presa del Embudo pero con vistas a la últimaputaydurasubida antes de hacer cima y ver Mogán.

Me pierdo en mis pensamientos y subo a buen ritmo mientras voy dejando gente. La noche va cayendo y la oscuridad me coge después de la primera subida, como una barrita y aprieto para cazar a los frontales que tengo delante. En el fondo del segundo barranco y justo donde arranca la última subida encuentro a un italiano muy tocado sentado en el suelo, le ayudo y doy ánimos unos minutos, me voy y zasssss...los calambres me muerden los aductores, abductores, pollastores y que se yo...camino gritando y con lágrimas en los ojos por la última pendiente hasta que calientan otra vez y el dolor desaparece. A partir de ahí tengo claro que no puedo parar en ningún momento hasta llegar a meta e hidratarme bien.

El descenso a Mogán lo hago trotando y adelantando a mucha gente por el camino, me encuentro con Eolo que va muy muy cabreado y tocado, siento una pena enorme, un grande de las ultras y que lo esté pasando tan mal en estos primeros kilómetros, sigo trotando y pasando frontales. A doscientos metros de la bajada veo dos frontales más y noto en la oscuridad que uno de ellos lleva un palo de grandes dimensiones. Objetivo conseguido, tengo a Víctor delante, lo adelanto gritando ¡Sorpresa! Y seguimos juntos hasta la primera base de vida en Mogan.



1ª Base de Vida, Mogan, Km 52
Ducha, comida y a enfrentarnos a la oscuridad para llegar con la luz del día a La Aldea. Salimos del la base de vida juntos y listos para irnos, Victor decide despedirse de un amigo y al salir otra vez me comunica que este le ha dicho que se viene con él. Vuelve a entrar a la base de vida. Me entran las prisas y me cabrea la situación. Marian (mujer de Víctor) me mira y me dice “que te vayas”, me quedo dudando y me lo vuelve a repetir, ¡Que te vayas Jero!

Y me voy...

El camino a Veneguera por los 10km de asfalto se hace largo, voy a buen ritmo, detrás viene Víctor a un kilómetro y delante sé que tengo a varios frontales cerca. Pistas y más pistas de tierra, les grito a dos frontales que se han salido del trayecto para que retrocedan y vuelvan al camino. Ahora voy con dos Garmin, uno de muñeca que me avisa cuando salgo del recorrido y el de mano por el que consulto la cartografía y navego. 
Paso la zona peligrosa, acompañado de varios frontales, sin querer nos hemos agrupado hasta llegar a la playa de Tasarte, una vez allí iniciamos el ascenso por el barranco del mismo nombre dirección al pueblo y de allí a la degollada de Tasarte. 
Se van frontales y a su vez adelanto frontales y en una de las subidas alcanzo a David (Pio Pio Trail Team) y a Jesús María (otro grande de la vieja escuela y de las viejas glorias que siempre están por ahí terminando todos los retos) y sigo al ritmo de ellos.



2ª Base de Vida, La Aldea Km 96

Allí me esperan Marcos , Cris y Damián. Ducha, comida e irme rápido con Jesús y David para salir lo antes posible del infierno de Altavista. Pero no, no se sale tan fácil de allí. La subida es constante, dura y eterna. Cuando entras en el pinar todo se hace más cuesta arriba, parece que estás ahí pero nunca llegas. Apenas hablamos mientras nos enfrentamos al ascenso con la cabeza camino de Artenara, encontrando caminos en los últimos kilómetros donde apenas se ven senderos, comemos unos bollos milagrosos de la suegra de alguien que nos sientan de maravilla y por fin llegamos al pueblo.



3ªBase de vida, Artenara km 115

Ducha caliente en un baño muy lejano. Hamburguesa del Mc Donald cortesía de la pareja de David mientras Cris prepara la mochila para el siguiente asalto.
Intento dormir una hora, pero justo cuando mi mente se perdía entre mis sueños suena el móvil de alguien. Me levanto cabreado. Es ya de noche. 




Abandonamos Artenara para bajar a la presa de los Lugarejos. La bajada es horrible, apenas existen caminos y los que hay hasta al GPS les cuesta localizarlos. Tramo de navegación por el que nos equivocamos y salimos de ruta varias veces. 

Les comunico a mis dos compañeros que los abandono porque desde La Aldea tengo un problema estomacal y diarreico, cada vez que como algo a los 30 minutos me empiezan las molestias y tengo que evacuar. Pero no me hacen caso, y cada vez que paro ellos paran también. Al llegar al asfalto que va a la presa me adelanto hasta cruzar el muro y marcar el territorio. Comienza la subida a Tamadaba entre nieblas y tinieblas. Al iniciar la bajada de Tamadaba a Agaete la lluvia decide acompañarnos.

Kilómetro 138, David decide retirarse a lo grande y por arte de magia aparecen tres Paulaner. 



Después de comer Jesús y yo seguimos y nos metemos en la mierda de cabeza. La lluvia es intensa y sopla un viento muy fuerte, nos empuja de lado a lado como si estuvieramos en un barco. Lluvia, viento, niebla, la navegación se vuelve muy complicada, nos ponemos uno junto al otro, Jesús delante intentando adivinar senderos y yo detrás con la vista clavada en el GPS. Cruzamos tres playas y barranqueras horribles desde Agaete a Gáldar en las que el GPS te marcaba un camino que apenas se veía y que por si fuera poco era de callaos de playa. El grito y acoso de las pardelas es acojonante, están por todas partes y parece que las estamos molestando. La lluvia y el viento no paran de azotarnos, apenas vemos lo que hay delante.
Las ampollas empiezan a dejarse notar tras el sufrimiento de intentar salir de la barranquera y el remojón de la lluvia. Tras un duro y complicado camino conseguimos salir del agujero y emprender la dura y difícil ascensión a la montaña de Almagro Km 150. El puto tubo... negro...el puto tubo negro...la puta subida laaaarga y ventosa. Te comes la montaña de principio a fin, cada vez que parece que vas a llegar a la cima aparece otra para putearte.
Paradita en el punto geodésico y foto con las pelucas cambadas para recordar este momento. 



Descenso de cabras y metedura de pata. Nos adelantan finalizando la bajada a gran velocidad y me da la impresión de que el corredor tira hacia la carretera. Bajamos a la zona industrial y más adelante tenemos que escalar para volver al track. Pateo interminable hasta Guía.



4 º Base de Vida, Guía, Km 157

Desastre total, Jesús llega muy tocado de la rodilla, un esguince que viene aguantando desde principio de carrera por un mal movimiento y por si fuera poco, la lluvia nos ablandó los pies y se nos llenaron de ampollas. Uno de mis dedos del pié decidió convertirse en una uva molida. Me duelen las plantas de los pies como nunca me han dolido en la vida.




Subo a la ducha acompañado de Damián para que recoja mis despojos de los últimos kilómetros y al salir veo unas enormes camas sumidas en un silencio agónico que me gritaban que me acostara en todas ellas. Pero no, la obsesión de no saber que hay en la bajada a Casablanca me obliga a tomar otras desiciones. Bajo a comer y a que los sanitarios nos hagan unas curas. Allí está Marian que a venido a ver la llegada de Víctor hasta Guía. Aparece el  milagro del secador de pelo que trae un amigo de Jesús y seca sus zapatos. Marcos coge los míos y los seca en lo que me están curando los pies.

Le explico a Jesús el trabe que tengo con el camino que nos llevará al fondo del barranco de Azuaje. Es una barranquera vertical que cuando vivía en Buen Lugar veía desde la ventana de mi casa y estoy seguro que bajar por allí de noche será una tragedia como la de la noche anterior. A estas alturas de la 360 pensamos lo mismo. Hay que intentar llegar a Arucas de día, si hasta aquí nos hemos metido en mierdas de camino cualquiera sabe que nos podemos encontrar hasta allí.

Bajando a la costa nos encontramos con Jose y su perra Moka y nos acompañan un rato. 


Metemos la pata otra vez cuando bajamos a la costa y nos metemos en un camino de pescadores que nos hace desviarnos más de kilómetro y medio, así que a desandar el camino y volver al Track. Bajada muy bonita por la que nunca había pasado hasta San Felipe y a llanear hasta llegar a el Pagador donde comemos unos trozos de pizza calentita y a subir otra vez. 


Paradita en la subida para marcar el territorio, estoy echo un maestro en posar mi culo en cualquier piedra. Tal y como preveíamos la bajada al barranco es horrible pero la conseguimos pasar de día. Antes de la subida al campo de fútbol de Casablanca oigo una voz que me grita ánimos, Miro hacia arriba y veo la silueta de Marisol que nos acompaña con Damián hasta la presa. 



Al otro lado de la presa veo a mucha gente que empieza a gritar. Allí están Cris, Damián , Marcos, Mónica, Antonio, Delia, Paola, María, Margo y el fotógrafo amigo de mi hermano.





Dejamos atrás Cambalud, la Vistilla y cruzamos La Goleta hasta entrar en Arucas.



5ª Base de vida, Arucas, Km 180

Suena el teléfono de Jesús y es su mujer e hijos que le preguntan por teléfono por donde va, a la vez que salen dándole una sorpresa del Parque de las Flores. Entramos a la base de vida a comer ya que esta no tiene duchas. Acordamos dormir dos horas y reanudar la marcha. Damián y Cris preparan la mochila para la próxima salida en lo que yo duermo dos horas.





En el campo de fútbol de Arucas paramos para que Jesús se saque una púa del zapato y emprendemos la subida a Riquianez. De memoria y ligeritos, este camino me lo sé de memoria y da la casualidad que unas semanas atrás Víctor Luis y yo salimos desde Arucas por la noche y terminamos en Patalavaca. Llegando al asfalto de Los Castillos nos adelantan los primeros corredores de la Trans 128km. Allí encuentro a Carlos grabando y se sorprende al verme porque me comunica que le habían dicho que yo había abandonado. Joder, hay que ver como me motiva la gente que se acuerda de mi ¿Esto es sarcasmo o ironía? Da igual, ya lo consultaré con el diccionario.
Jesús y yo mantenemos una pequeño debate sobre una chica que iba muy bien posicionada entre los primeros, al final resultó que era un chico. El tramo de Osorio se nos hizo muy ameno con los corredores de 128km adelantándonos y animándonos. En el puente antes de subir al pico parada técnica para marcar el territorio, ya no necesito ni las piedras.

Y nos vamos caminito de Teror. Espectacular la entrada al avituallamiento de Teror con la calle llena de gente, Aquí comemos un queque de Overstim que Juan Carlos Ramos comparte con nosotros y tenemos una breve charla con Daniel. Jesús se dopa con un buche de cerveza de uno que estaba jarto de copas. Allí esta Cris esperando para vernos, un beso y un hasta después y continuamos camino de Santa Brígida. 
El camino se nos hace muy largo y cuesta arriba, los 10 kms más largos de mi vida, paramos y echamos dos micro sueños de cinco minutos por el camino y ya bajando hacia Santa Brígida vemos dos frontales detrás pero lejos. Por delante no vemos a nadie. Al pasar la iglesia y aparcada a un lado de la carretera  general está Cris que nos comunica que hace unos cinco minutos ha pasado la chica que teníamos detrás.

Tremendo rebote que nos cogimos porque no nos explicábamos en que parte del camino nos había adelantado, ya que cuando salimos de Arucas ella estaba llegando e iba a dormir. Sentados en una callejuela nos alcanzan Jhonatan y Fran y por fin le ponemos cara a los frontales que venían detrás. Nos explican que ellos llevaban viéndonos desde muchos kilómetros atrás y tampoco habían visto a nadie más delante de ellos ni delante de nosotros. Continuamos juntos en la subida que nos llevará a la siguiente base de vida con GPS en mano porque el camino se vuelve difícil. 
En un vuelta del camino me encuentro con la chica que va delante, está con el móvil en la oreja pidiéndole al que está al otro lado del teléfono que le diga donde está el camino porque se ha perdido. Al verme le dice al móvil que ya no hace falta que ya va con los chicos que han aparecido y a mi solo se me ocurre decirle “¿Y tú que haces aquí? la última vez que te vi en la base de vida me dijiste que ibas a dormir unas horas”. Y como es lógico se tomó mis palabras a mal y se sintió ofendida porque empezó a decir a quien estaba al otro lado de la línea que nosotros estábamos insinuando cosas que no habíamos insinuado. En resumen, se contradijo y no supo decirnos donde nos había adelantado y por si fuera poco le dijo a Jesús, que iba caminando delante de ella, ¿Tú eres Jerónimo? Porque a mi me dijeron que por la aplicación yo siempre tengo que ir detrás de ti. Y nada, el Jero detrás alucinando con las cosas que decía. Y resumiendo otra vez, pequeña parada con mala idea para que pase ella delante y pierde de nuevo el camino. 

La bajada a la base de vida fue otro de esos senderos para olvidar. A bajar como las cabras, vamos, que es una mala comparación porque las cabras saben por donde bajan y allí no había por donde bajar.



6º Base de Vida, Valsequillo, km 209.

...ñooos, Km 209, como suena eso cuando lo escribes. La mejor base de vida de todas. Me alegré mucho de ver a Chencho y a Miguel Valderas ya que hacía mucho tiempo que no los veía. Ducha, cambio de ropa, una buena comida y a curar las heridas de los pies destrozados.


Abandonamos los cuatro la base por la carretera y con rumbo a los Alfaques. A mitad de camino hacemos una parada técnica en un bar para beber unas cervezas. Empieza la subida a los Alfaques, una de mis subidas favoritas y uno de los paisajes más espectaculares. Esta subida era cita obligatoria cuando se hacía la Arretranco Race de Ismael, subida bestial que he tenido la suerte de disfrutar corriendo y haciendo de escoba en la carrera que organizaba el Arlequín de Ismael, un icono de las primeras Trans y un guanaja, como diría el amigo Gonzalo. A ver si coincidimos algún día condromalasio. Esa fue de las primeras palabras que aprendí en el foro de Gauthier y tú sabes por qué.

Me enralé en la subida y dejé atrás a mis tres acompañantes. Al alcanzar la cima paré a comer algo hasta que llegaron ellos y ya después continuamos juntos. En los Marteles habían muchos amigos y familia viendo la 360, parada rápida y a enfrentarnos a la piconera.




Al alcanzar la cima el track se perdió y otra vez a investigar caminos hasta volver al recorrido que nos llevaría a Santa Lucía. Por el camino Lobbo llamó a Jesús y nos recordó que esa era la bajada de una de las UTGC que hicimos hace muchos años. Y a partir de ahí me vinieron los recuerdos de las horas que pasé con Gonzalo por aquel camino eterno. Así que a pesar de no poder caminar bien por el dolor de las ampollas me dio por correr para quitarme ese infierno de camino y llegar a Santa Lucía. Al final el camino se hizo eterno como preveía y todos corrimos por otra bajada de piedras y piedras hasta llegar a la base de vida. Y justo antes de llegar otro reencuentro con gente que no ves en años. El amigo Antonio Lobbo. Allí estaba Cris mirándome con cara de túestaslocoquenopuedescontusampollas, beso para recuperar y a la ducha.



7ª Base de Vida, Santa Lucía, Km 230

Creo que aquí se me cayó alguna lágrima por el dolor de las ampollas. Que duro es no poder pisar el suelo. Jhonathan me decía que pisara fuerte para que se me fuera el dolor, pero aquello era insoportable.



Intenté desconectar en una silla hasta que todos estuviéramos preparados para salir.



Salida espectacular del último avituallamiento, foto de grupo y a por lo que queda.




Ruta turística por las calles de Santa Lucía y otra vez a meternos en la mierda. La bajada al barranco, como tantas otras, ho-rri-ble. El track nos estrellaba contra las paredes una y otra vez. Había que estar muy atento a la navegación. 
El cruce del fondo estaba basado en una película catastrofista, las cañas cortadas por acción de una onda espansiva, el arroyo corriendo y el aroma al mismo arroyo de aguas sucias en el ambiente. Otra vez a subir y las luces de Santa Lucía cada vez más lejos. 
En una subida larga empiezo a tener la sensación de que ese camino es el que sube a Fataga, y para sorpresa agradable al llegar a la cima veo las luces del pueblo.

Reagrupamiento y volvemos a empezar, les comento a mis compañeros ¿Ven aquel relieve de montaña en la oscuridad? Pues ese es el Roque Almeida y para hacer cima y empezar el descenso hasta la playa, casi tenemos que llegar hasta allí.

Si nunca has subido Amurga por Fataga te recomiendo que cuando lo hagas tengas mucha paciencia, poco vértigo y pocas prisas. No te desesperes porque detrás de una piedra siempre hay otra piedra, y cuando creas que no hay salida mira siempre adelante y verás un mojón a lo lejos (si lo haces de día, de noche probablemente te desesperes un poco y querrás esperar a que se haga de día) y si no ves un mojón a lo lejos y piensas que no hay salida mira hacia arriba. Sí, por esa pared vertical llegarás a la cima que ves arriba, y no, no irás en zigzag, subirás verticalmente porque no tienes otra salida.

La subida se hace esquivando tabaibas, piedras y retama, las piedras no las esquivas porque tendrás que joderte si vas lleno de ampollas y sientes como te ofrecen sus mejores filos para que las pises. 
Yo no podía caminar tan despacio y perdía el equilibrio por el dolor de pies. A lo lejos vimos dos frontales llegando a la parte final. ¿Quiénes serán, no había nadie que saliera de la base de vida con otro corredor? dijimos todos.
Saqué el móvil, abrí la aplicación. Allí virtualmente había un dorsal y físicamente habían dos personas subiendo la riscaera. Así que, a tomar por culo la pareja de delante y a concentrarnos en salir del infierno de camino.

Me apoyaba una y otra vez en los bastones, con la puntera, con el mango, con cualquier parte de ellos me apoyaba en las rocas hasta que alguien me dijo: ¡Jero guarda los putos bastones que me estás desquiciando! ¡Mira! Mira como estoy… y allí estábamos sentados viendo como sus pies temblaban. 
Así que intenté no usarlos pero no podía, tenía que usar los putos bastones o me desequilibraba. En resumen, Jesús se paró a grabar un video de la subida mientras los demás huíamos hacia arriba.



Llegué solo a la cima, cima…o sea, justo donde empiezas a bajar, con los ojos clavados en el GPS. Allí me senté a comer algo y vi como alguien se sentaba en una piedra que tenía enfrente. Miré hacia atrás, uno, dos, tres frontales… ¡Mierda! Ya me están visitando los amigos imaginarios. La noche va a ser muy larga.

Reagrupamiento, clavar la vista en el gps y a navegar. A partir de aquí el tramo fue de navegación total, con los ojos clavados en el mapa intentando seguir el camino, uno detrás de otro como un trenecito, parada, mirar track, palante, parada, mirar track, palante, parada mirar track, palante, parada, mirar track, palante…uuuyyyy que se me va la olla…

El continuo y constante zapateo de la 360. El silencio amplificado se imponía al lejano ruido del zapateo en la oscuridad. Muchas piernas zapateando en la negrura de mi cabeza, mucho ruido de interferencias en mi mente y mucha oscuridad hasta que al final llega la carta de ajuste y la desconexión. 

Oscuridad

Unas manos que se mueven arriba y abajo, unos bastones ¿Quién coño está manejando esos bastones? ¿De quienes son esas manos? ¿Y porqué sueño yo ahora con bastones? Parece que estoy en un videojuego manejando al protagonista ¿Esto está pasando de verdad? ¿Y si levanto las manos? ¡Mierda! Las manos y los bastones se levantan, soy yo el que está corriendo…

…El trenecito se para, el trenecito arranca, las luces paran, las luces arrancan, luces de frente a lo lejos, luces que vienen y que van…voces…son ellas, se han equivocado de camino…luces de ciudad, oscuridad, contornos de montaña, oscuridad, el trenecito arranca, el trenecito se para…

Una luz, un frontal, una voz que dice que nos va a acompañar…ustedes cambiaron el recorrido, yo he pasado por aquí muchas veces y no es así, baja un rato, sube un rato, baja un rato , sube un rato…Otra luz, otro frontal…

…una cara observando en la noche, alguien sentado en una piedra, la luz del trenecito, el constante y continuo zapateo de la 360…
Música que suena…se parece a mi móvil, es mi móvil…es Cris...¿Dónde estás?... Eh…No sales en la aplicación…Ah, vamos juntos ¿porqué no salgo yo?...no lo sé, por eso te llamo...Esto se me está haciendo eterno, baja, sube, vete pa la izquierda, vete pa la derecha, no sé donde estoy ¿Falta mucho?...Te envío una captura de pantalla…




Joder, que lejos estoy de la playa, pero si es de noche por qué la captura de pantalla sale de día…vuelve la oscuridad, el silencio y el zapateo de la 360…

La carrera terminó y estoy soñando. No voy a llegar a la meta porque esto es un sueño y estoy durmiendo. Seguro que me despierto acojonado porque no llego y estoy en la cama durmiendo. No voy a llegar, no voy a llegar, esto no es un sueño ¿O estoy en un sueño?…el trenecito está ahí, corre y engánchate otra vez, corre, corre…

…A la mierda con el trenecito... me despierto borracho de sueño, está amaneciendo, sigo aquí, me duele mucho la rodilla derecha, no lo soporto, pero tampoco puedo quejarme porque ya tenemos a uno con la rodilla maltrecha.

Es de día, se me ha ido la olla por completo y no distinguía lo real de los sueños. El trenecito se va, no puedo con mi rodilla, tengo que parar y asimilar lo que está pasando. Me siento en una piedra tras una curva del camino y el trenecito se va. Bebo agua, tengo la garganta muy seca y la lengua pastosa, que sensación más rara. trago casi medio litro de agua de un tirón. 

Zapateo, oigo zapateo que viene, aparecen dos chicas por detrás, una mirando el GPS y la otra con dorsal que la sigue, se sorprenden al verme, una dice hola y la otra me mira mal, a la mierda todo, vuelvo a cabecear. Sé que no debo hacerlo, así que me levanto y me enfrento en solitario a los kilómetros que quedan, se me están cerrando los ojos, cada vez más chiquititos…

Ahí están mis tres compañeros de fatigas esperando por mí. Los puedo ver por una rendija de mis ojos. Es increíble como late la 360, empecé con Víctor, me quedé solo por mi vomitona, lo alcancé y salí solo otra vez, caminé con David y Jesús muchas horas, nos comimos solos lo peor de lo peor y luego nos juntamos cuatro. Y ahí están esperando. Solo oía palabras cuando llegué a ellos, pero no recuerdo que decían hasta que Jesús dijo este momento lo voy a inmortalizar, caminas durmiendo.


Alguien comenta que acaban de pasar las chicas, primero una y más tarde otra…yo contesto que por mi lado pasaron juntas, una consultando el GPS y la otra justo detrás. Ahora ya sabemos quién era el frontal que no salía en la aplicación.

Les comento que se me a ido la olla y Jesús se descojona, dice que me pasé la noche hablando solo y que decía de llamar al teléfono de emergencias para que nos dijeran como salir de allí. Pues si que perdí la cabeza. Solo tengo recuerdos de vivir en sueños.


El final hasta la playa fue una locura. A correr como locos para pasar el punto de control. En el puente de las Burras me esperaban Damián y Cris. Me dijeron que mi baliza seguía apareciendo en la aplicación y que ya estaba todo hecho, la meta estaba más cerca.
Al entrar en la playa de las burras aparece un grupo de corredores entrenando y veo a mi amigo Sirwani que baja a la arena junto con Mendoza a felicitarme. Intercambiamos unas palabras y seguimos.





En Playa del Inglés aparece Marian muy emocionada porque yo iba a finalizar y me da un enorme abrazo. Me bebo las lágrimas y me siento mal porque al final no pude estar con Víctor. Marian me comunica que ya viene bajando de Amurga.



Continuamos camino de la meta y subimos a la avenida a echarnos unos cafés. La meta a 4 kilómetros y nosotros en una terraza. Tenemos de tiempo hasta las dos y el cierre de control que ya pasamos hace tiempo es a las nueve. Qué más da la hora a la que lleguemos el objetivo es llegar. Esto no lo habría imaginado nunca, que a menos de una hora está la meta y a las nueve de la mañana estuviera pensando que hasta las dos había tiempo de sobra para llegar. Que venga quien quiera por atrás y nos adelante porque nosotros vamos a finalizar y da igual la hora.



Abandonamos la terraza, caminamos por la playa con marea vacía y poco a poco nos vamos distanciando, como mismo empezamos el cuarteto, dos por delante, dos más atrás.

En Maspalomas aparece Gonzalo y los últimos metros son más amenos entre risas y anécdotas. En esta foto después de cruzar la meta alguien le dijo a Gonzalo que pusiera cara de desconsuelo y la foto no pudo salir mejor.



Al llegar a la avenida Jesús se queda con sus hijos para hacer una entrada en familia y yo corro hasta subir a la tarima de meta con los brazos abiertos y emocionado. Allí está Fer emocionado que me da la enhorabuena por terminar esta 360 tan dura.



Bajo de la tarima y me voy con Cris y Damián a comérmelos a besos porque han estado pendientes de nosotros desde el primer día que empezó la carrera, y de eso, ya han pasado cuatro días.

Al final me quedo con Gonzalo y Damián a esperar por Víctor, durmiéndome en el cesped, durmiendo de pie, pero a esperar para tener esta bonita foto del equipo de apoyo al completo. Porque a pesar de separarnos por el camino siempre estábamos informados de donde estaba el otro.




Seguir a una persona en la 360 lleva muchos kilómetros y falta de sueño. Seguir a dos es una auténtica odisea. Cris y Damián llegaban a las bases de vida, me preparaban la mochila en lo que yo me duchaba o dormía y siempre estaban pendiente de mi y Jesús; pero no se iban cuando yo seguía. Seguían allí hasta que Víctor llegaba y se iba. Así durante cuatro días.




¿Sabes qué Cris?...el año que viene voy a ir más….
…cosas de piraos, apenas he terminado y ya estoy pensando en el 2021.