Me di cuenta de que estaba solo cuando observé aquel plato vacío.
Me comí la delicia una y otra vez
Un día tras otro y otro y otro...
Y así podía estar todos los días
Y no cansarme de comerla una y otra vez y otra vez y otra vez...
La disfruté, la saboreé, la engullí pero nunca me jarté.
Ahora solo me queda la soledad del plato vacío,
la soledad de sentarme solo a la mesa y buscar los defectos de la pared,
la soledad del bullicio, la soledad de la silla vacía y las ganas de comerte otra vez.