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jueves, 4 de agosto de 2016

El principio del fin



Todo fin tiene un principio y todo principio es un final.
Siempre hay algo que empieza y termina de la misma manera que comenzó.
Conoces, quieres, vives sintiendo por alguien, aunque no lo veas con frecuencia y llega el momento en que esa persona se va. La muerte viene a traer su final y ahí es donde arranca un nuevo principio. Y ahí, tras esta última frase arranca tu principio y llega mi final.
Te lo dije hace tiempo y con el tiempo has comprobado que para sentir algo por mí hay que saber hacerse daño. No es porque yo te lo cause, sino porque me desvivo por ti y a veces no consigues corresponderme. Eso dices tú, qué no sabes corresponderme, pero te equivocas. Con verte sonreír me siento feliz, con verte cabreada me siento feliz y eso es solo porque estoy junto a ti. Mucho tiempo hemos pasado juntos, queriéndonos solo por estar ahí  y ahora resulta que ha llegado mi final y tu principio.
No llores al leer esta nota de suicidio porque mi final es tu libertad. Discreta, con suavidad, sin argumentos, sin escusas empieza tu nueva vida. Ya no tienes que esconderte, sólo deja que los bichos me coman un par de semanas, por lo del luto, el respeto y todas esas tonterías y después…después florece con tu nueva vida, con tu nuevo novio, con tu…¿Creías que no lo sabía? Pues te has equivocado… o no…la verdad es que yo nunca lo sabré.
Décadas hemos compartido de momentos felices y alguno que otro no tan feliz. Me conoces tanto como yo a ti. Lees mi humor en la mirada, mis problemas en la cara, mis alegrías en la sonrisa. Lo sabes todo por mi comportamiento natural y de esa misma manera supe que algo pasaba por tu cabeza.
Llegabas y el primer beso sabía a nicotina y perfume extraño, y tú nunca has soportado el cigarro. Si supieras la cantidad de información que se puede quedar prendida de tu labio superior.
Tus gestos en casa. Ese tiempo que tú nunca has pasado delate de internet. Esos movimientos de muñeca evitando que yo viera lo que había en tu pantalla del móvil. Esa mirada fugaz de control sobre mí, para saber si tendrías o no que cerrar esa aplicación, o la otra, o la otra. A propósito, tú no escribías nada para que yo no lo viera con mi aplicación. Pero él te escribía a ti, y tú lo veías durante esas enormes cagadas en el baño que nunca antes te habías echado. Y yo lo veía a él. Sí, yo lo veía a él porque sabía quién era y esa información me la diste sin darte cuenta tú.
Duele. Duele mucho saber lo que estás haciendo. Duele mucho que llegues a casa como si no pasara nada. Duele, quema, duele…no sé explicar lo que siento por dentro, esa angustia que me ahoga, ese dolor que me oprime el pecho, esas lágrimas que no quiero derramar…quizás debería dejar de trincarme y dejarlas correr, quizás eso calme mi dolor y me desahogue. Eso duele, soltar una lágrima e intentar no llorar. Duele y quema por dentro solo por quererte y saber que tú me estas traicionando así.
Creo que no hace falta que te lo explique porque tú me conoces y sabes que me desvivo por ti. Sabes ponerte en mi lugar y ver la humillación que puedo sentir. Es más, creo que lo hemos hablado viendo alguna película del dolor que se debe sentir. Sí, sé que lo más fácil sería enfrentarme a ti y decirte todo lo que sé de ustedes dos. Lo sé por aquí, por allí y por esto y por lo otro. Pero de nada me servirá. Porque al final tú serás la dolida, la humillada, que si parece mentira, que si patatín , que si patatán…y le darás la vuelta a todo y como siempre la culpa será mía. Tu negación es la verdad y lo que sé mi gran mentira.  Se te ha ido de las manos, admítelo. Se te ha ido de las manos y yo no quiero vivir así. Por eso me voy, para que al menos tú seas feliz. Siempre he pensado que suicidarse por amor es una tontería. Qué hay más personas en el mundo con las que ser feliz, o al menos eso pensaba. Pero resulta que no es así y yo no puedo vivir sin ti. Duele lo que llevo por dentro.
Te deseo lo mejor aunque yo no esté junto a ti. 
                                                          El principio del fin.


Ella llegó tarde a casa, como ocurría últimamente cada vez que salía del trabajo. Al abrir la puerta el ambiente cerrado le dio un mal presagio. Lo llamó una y otra vez, mirando en la cocina, mirando en el baño, mirando en el dormitorio. Abrió la puerta del balcón esperando verlo allí, con un té en las manos y leyendo alguno de sus libros. La cortina huyó como una bandera al viento y de dentro del salón le llegó el sonido de algo ligero que cayó al suelo. Miró al salón y a un metro de la puerta principal había un folio en blanco en el suelo. El aire de la calle le susurraba palabras al oído a la vez que le tapaba la cara con su propia melena. Pero no era el viento quien susurraba. Era su cabeza que rápidamente  procesaba la información. Dedondevieneelvientosilasventanasestancerradas…elfolioblanco…lapuertadelacalleestacerrada…elfolioblanco…dondeestastununcateretrasas…elfolioblanco…lapuñeteracortina…el viento…el folio…el folio blanco…
Cerró la puerta del balcón y la cortina volvió suavemente a su lugar. Se acercó a la puerta principal. Sus pies casi rozaban el folio. Miró la hoja blanca desde arriba como si fuera una cucaracha de la que debería huir. Miró a sus pies, llevaba unas zapatillas abiertas y el dedo gordo de un pie estaba tiznado de negro. Era solo una escusa para coger el papel. Restregó el tizne con el dedo índice, tocó el suelo con el dedo índice, acarició el papel blanco en el índice y finalmente lo cogió mientras miraba hacia otro lado. Suspiró mirando al techo y finalmente se sentó en una de las sillas del comedor. Le dio la vuelta al folio y el blanco se convirtió en un reguero de palabras de adiós, de amor, de dolor…
Sus lágrimas empaparon el folio que estaba sobre la mesa. Su mente se puso otra vez a mil. Los ojos revoloteaban por la habitación mientras buscaba una solución en su interior…las palabras flotaban en su interior…el principio del fin…el principio del fin…el principio del fin. ..
Salió de su ensoñación con el sonido del teléfono que gritaba una y otra vez para que lo cogiera. El teléfono estaba junto a una mesilla que había al lado de la puerta del balcón. Lo miró con miedo. Balanceó la cabeza a un lado y luego al otro buscando una perspectiva que fuera real. Pero todas las perspectivas lo eran. Miró hacia aquellas palabras escritas en un folio. Miró al teléfono que sonaba y llegó a la conclusión de que ya todo estaba hecho y no tenía por qué dudar.
Descolgó el teléfono sin mirar de qué número llamaban. Lo volteó y miró al auricular como si pudiera  ver a través de él a quien llamaba. Una vocecilla se escuchaba a lo lejos. Acercó el auricular a su oreja dispuesta a escuchar lo que tenían que decir:
―Sí, soy yo.―sus ojos se abrieron como bolas de billar, su boca hizo una mueca de terror y después gritó―¡¡Puta mierda de comerciales de Yasstel!!
Colgó el auricular con fuerza suficiente como para hacer la mesa tambalear. Miró al folio de lágrimas. Sacó el móvil de su bolsillo y marcó su número. Apagado. Apagado como las palabras del folio…no sé qué hacer, noséquehacer…noséquehacer…noséquehacer…
El timbre de la casa sonó y unos golpes de manos sacudieron la puerta. Sonaron una y otra vez mientras su mirada iba del papel de palabras amargas a la puerta, de la puerta al folio de lágrimas. Acarició el principio del fin con delicadeza, levantó la vista hacia el techo y suspiró. Decaída y arrastrando los pies vagó hasta la puerta. Quién golpeaba con firmeza sabía que ella estaba allí y ella sabía que lo que había detrás de la puerta sabía que ella estaba allí. Agarró la manecilla y empujó hacia abajo lentamente, como si tuviera miedo de romperla. El pestillo saltó, solo quedaba tirar hacia atrás y abrir. Y así lo hizo después de cerrar los ojos.
Sintió como la despeinaba el aire del canto de la puerta al pasar cerca de ella y abrió los ojos lentamente…cada vez más grandes…ojos de sorpresa que con un simple gesto del entrecejo se convirtieron en signos de interrogación... al otro lado de la puerta estaba el principio del fin…

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