Miraban al horizonte, pero ninguno lo veía. Uno estaba concentrado en quitarse cuerillos de las uñas de vez en cuando y el otro rumiaba dentro de su cabeza.
―Oye Jero, creo que deberías escucharte. Escucharte tú y escuchar a los demás. Debes ser más consecuente con tus actos y acciones. Ser más atento con las personas que te escuchan y se preocupan por ti. Dejar de darle vueltas a la cabeza con todo. Escuchar a la vida, a las personas. Escuchar a tu cuerpo. A veces pienso que eres tripolar, ni blanco ni negro, eres como te sale de la polla y me desquicias. Deberías escucharte porque tu carácter pretencioso te puede. Esa arrogancia, esa actitud frente al mundo, esas palabras sarcásticas, esas respuestas tan irónicas. Debes escucharte y dejar de mirar a horizontes irreales y sueños infinitos. Escucha a tu cuerpo, te está pidiendo que te quites un par de kilos y una afeitada tampoco te vendría mal. Escúchate a ti mismo, sal de ti y sé tú mismo. Pero no ese ni el otro sino aquel que quieres ser… ¿Me escuchas? … ¿Jero?
― ¡Eh! ¿Qué dices?
Miraban al horizonte, pero ninguno lo veía. Uno soñaba despierto para espantar sus propias pesadillas y el otro no existía.
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