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viernes, 9 de diciembre de 2016

La Cita

A mitad de lo que debería ser la cena ya se habían consumido las velas. Para entonces ya tenía claro que ella no vendría. Por un lado mi ilusión era ardiente cómo las llamas en la mecha. Por otro lado mi decepción menguaba junto con las velas. Cuando se apagó la primera me perdí entre el humo y la brasa de la mecha . Miraba como el destello dejaba de brillar mientras recordaba los buenos momentos que pasamos juntos. Su risa contagiosa, esa sonrisa que enamoraba a cualquiera, esos labios jugosos, esa lengua traviesa y juguetona. 
El camarero me sacó del ensimismamiento. Retiró la vela gastada y puso una nueva. 
-No, no la enciendas, -le dije mientras ponía la mano encima para evitar que la encendiera. 
-¿Le traigo la cuenta? 
-¿Te parto la boca? No me voy a ir, ella vendrá. 
-¡Ajá! Sea realista, ya van tres cuartos de hora 
-¡Cállate idiota! 
-¿Cómo ha dicho? 
-Qué te calles idiota 
-Voy a tener que pedirle que se vaya 
-Vale, pídemelo 
-Le importaría salir del restaurante 
-¿Esa frase lleva interrogación?... Ignorante 
-Ella no vendrá, está por ahí follando con otro. 
-...ese...uuu....queee que que dice 
-Que salga porque ella está comiéndole el rabo a otro 
-La has cagao...te voy a...
He de reconocer que el camarero me sacó de mis casillas. Metió mano en lo más hondo de mi y me hundió con sus palabras y gestos. Respiré hondo y conté en voz alta hasta diez para detener mi ira...
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, zas... le partí la cara y...
Salí con todo mi orgullo y mi cabreo por la puerta principal. Sudando y muy acalorado, pero ya todo me daba igual. Al bajar de la acera la vi a ella en el otro lado de la calle mirando con ojos de asombro hacia el restaurante. El destello de las llamas en sus ojos la hacían muy hermosa. La inocencia de su rostro se mezcló con sus palabras.
-¡Ay! No me digas que en nuestra primera cita y por culpa de mi retraso he evitado una tragedia. ¿Te das cuenta de la suerte que tenemos? Si yo no hubiera llegado tarde hubiéramos muerto en el incendio del restaurante. 
-Ehhhhhhhh... Si...si...Que afortunados somos. Vamos a buscar otro restaurante. 
-Vale. Que raro, tu perfume huele cómo la gasolina. Me encanta el olor de la gasolina. Mira, cuando yo paso por una gasolinera, lo primero que...

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